Un equipo de 59 astrónomos, con Yann Carteret como primer autor, midió cuánto se aparta la órbita de GJ 3090 b del giro de su estrella: unos 136 grados. Pasados los 90 grados, el planeta ya avanza en sentido contrario. En el sistema solar no pasa nada parecido. El Sol gira hacia un lado y todos los planetas lo rodean hacia ese mismo lado, casi sobre la línea de su ecuador, porque nacieron de un disco plano de gas y polvo que giraba con él. El estudio se publicó en septiembre de 2026 en la revista Astronomy & Astrophysics.
GJ 3090 es una enana roja con más o menos la mitad del ancho del Sol, a unos 22,5 parsecs, es decir, cerca de 73 años luz. Su planeta es un subneptuno: mide 2,18 veces el ancho de la Tierra, tiene unas 4,5 veces su masa y da una vuelta completa en unos 2,9 días. No está solo: hay por lo menos otro planeta confirmado, que tarda 16 días.
Una órbita así no se puede ver, pero se puede deducir. Cuando una estrella gira, uno de sus bordes viene hacia nosotros y el otro se aleja. Si un planeta pasa por delante, tapa primero uno de esos bordes, y la luz que nos llega cambia de una forma muy sutil que delata el recorrido. A eso se le llama efecto Rossiter-McLaughlin. El equipo registró seis de esos pasos con el instrumento NIRPS, instalado en el telescopio de 3,6 metros del Observatorio Europeo Austral en La Silla, Chile.
Lo habitual es que una órbita tan torcida tenga un culpable cerca: un planeta gigante o una segunda estrella que, con su gravedad, la va inclinando hasta invertirla. Según los autores, los cinco sistemas con varios planetas y una órbita muy inclinada conocidos hasta ahora tienen un vecino de ese tipo. En este sistema no apareció ninguno, aunque lo buscaron con años de mediciones del bamboleo de la estrella, imágenes de alta nitidez y datos del telescopio espacial Gaia.
Por eso sospechan que el planeta nunca cambió de sentido. El disco donde se formó pudo estar inclinado desde el comienzo, tal vez porque la estrella reunió tarde un segundo disco de gas que no quedó alineado con su giro. Los planetas habrían nacido en ese disco y se habrían ido acercando a la estrella, girando al revés desde siempre.