Los gatos dejan marcas de orina por su territorio, y otros gatos las huelen con mucho cuidado. Un equipo dirigido por Masao Miyazaki, de la Universidad de Iwate en Japón, junto con investigadores de Alemania y España, se preguntó cómo una marca puede seguir diciendo quién la dejó si las moléculas de olor se evaporan y se degradan después de caer. La respuesta, publicada en Current Biology el 19 de agosto de 2026, es un grupo de 13 ácidos grasos de cadena ramificada.
Empezaron por el comportamiento. Un gato que olía la misma muestra una y otra vez perdía el interés, y volvía a olfatear con ganas cuando le ofrecían la orina de otro gato. Además, los gatos ponían la cara de flehmen, con la boca un poco abierta para llevar el olor a un órgano del paladar, más seguido ante orina desconocida que ante la suya. Guiándose por esa cara, el equipo fue separando la orina hasta dar con una fracción grasa y encontró los 13 compuestos. En la literatura científica no hallaron ningún reporte previo de esos mismos compuestos en lo que excreta o secreta algún mamífero.
Cada gato tenía su propia combinación y proporción de los 13, y el perfil de un mismo gato casi no cambiaba. En orina dejada a 25 °C, los perfiles individuales se mantuvieron bastante estables durante al menos 24 horas. Los gatos distinguían a dos donantes aunque el resto de las grasas de la orina se reconstruyera igual, así que la diferencia estaba en estos compuestos. Y meses después, todavía reaccionaban menos ante un olor de orina que ya conocían.
Los compuestos llevan al riñón. Desde hace más de 100 años se sabe que los riñones del gato tienen muchas gotitas de grasa en su capa externa, la corteza, sin que nadie supiera para qué. El equipo encontró los ácidos grasos guardados en las grasas de esas gotitas y propone que funcionan como una reserva que amortigua los cambios cortos por la dieta o la salud, para que la etiqueta siga siendo legible.
Leones, tigres, leopardos, jaguares, linces y el gato de Iriomote mostraron compuestos parecidos y gotitas en el riñón, con diferencias entre especies. Todavía no se ha probado si los felinos salvajes los usan para reconocerse, y es un solo estudio: los autores dicen que estos ácidos grasos son fuertes candidatos a firma química, no la última palabra.